El proceso interno de Morena en Tlaxcala terminó con un nombre: Ana Lilia Rivera Rivera. El Partido Verde lo celebró como el resultado de un proceso «competido, cerrado». Pero los datos que acompañaron el anuncio también dejan ver el tamaño del trabajo pendiente: el PT no respaldó la designación y el alcalde con licencia de la capital, Alfonso Sánchez García, no acudió al acto.

Nada de eso es extraordinario en una contienda interna. Lo extraordinario sería ignorarlo.

Lo que juega a favor

Rivera llega con una trayectoria difícil de discutir: fundadora del partido en el estado, dos veces senadora, presidenta de la Mesa Directiva del Senado y una identidad política reconocible —la defensa del maíz nativo y del campo— que conecta con una entidad donde la vida rural sigue pesando. Durante el verano, además, apostó por un método que hoy rinde: asambleas en comunidades, contacto directo y un discurso contra la desinformación que llama a «contrastar versiones».

Lo que falta

La unidad no se decreta desde un templete. Se construye con acuerdos concretos: espacios para quienes compitieron, reglas claras para las candidaturas municipales y una agenda que vaya más allá de la defensa del movimiento. Tlaxcala tiene pendientes que no distinguen colores: el saneamiento del Zahuapan, el abasto de medicamentos, el destino de la basura, el empleo para jóvenes.

La propia Rivera lo dijo en Chiautempan: si no cambia la forma de ejercer el poder, vendrá la desilusión. Es la vara con la que será medida. La oposición, por su parte, tiene la oportunidad de presentar alternativas en lugar de solo esperar fracturas.

Para la ciudadanía, lo deseable es una contienda de propuestas. El 2027 empieza ahora, y empieza en el territorio.

Con información de Político MX, Entre Líneas Tlaxcala.